Lentejita

Erase una vez una mujer que, estando en su trabajo mirando por el microscopio, descubrió una niña muy pequeñita que le hacía señas desde el otro lado de la lente. Charló con ella un rato, aceptó acogerla en casa para cuidarla, y como al parecer no tenía nombre, decidieron que se llamaría Lentejita, porque además de pequeña era morena, redondita y muy agradable.

La nueva madre trabajaba en un laboratorio, se dedicaba a varias otras cosas y –milagro de madres– aún conseguía tiempo para disfrutar de la adoptada nueva hijita, cosa que la pequeña agradecía enormemente. Lo cierto es que era muy sencillo disfrutar de Lentejita porque tenía mucha gracia y mucho salero, además de un olor estupendo.

A partir de entonces la gente del pueblo empezó a fijarse en las cosas pequeñas, con cuidado de no pisar a Lentejita si se la encontraban, ya que a la pequeña le encantaba salir de paseo. Fue así como los lugareños descubrieron, no sólo muchas otras lentejas a su alrededor, sino también montones de cosas menudas y bonitas que antes ni siquiera imaginaban. A partir de esto fue cuando, por las calles, sobretodo cuando hacía bueno, podía oírse en boca de Lentejita pero también de muchos otros, aquella vieja canción:

Pachín pachín pachán
A Lentejita la cuidáis
Pachín pachín pachán
soy pequeñita pero muy guay

Y muchas veces esa música llegaba acompañada de un delicioso aroma a guiso que alegraría la vida de antiguos y nuevos vecinos durante muchos años de pequeños y sabrosos detalles.

Opinión: 
De momento, nada.
Texto
Castellano
15 de Junio de 2019

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